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domingo, 5 de diciembre de 2010

El cultivo del Maracuya

Esta enredadera prefiere los suelos ligeramente ácidos, pero la maracuyá amarilla tolera los suelos alcalinos si se añaden los microelementos adecuados. Un suelo con buen drenaje es esencial pues en caso contrario, se producen problemas en las raíces que pronto destruyen a las plantas. La maracuyá amarilla y la granadilla gigante son plantas tropicales. La maracuyá púrpura está adaptada a condiciones subtropicales y puede soportar las heladas ligeras del invierno sin sufrir daños, no tolera heladas severas. Todos los tipos de maracuyá pueden propagarse de semillas, las cuales deben estar frescas (menos de un año) porque pierden su viabilidad rápidamente. Las semillas deben sembrarse en macetas u otros recipientes que contengan suelo esteril y mantenerse en un lugar húmedo y a resguardo de la luz solar directa. Las semillas germinan normalmente en 10-20 días; las pequeñas plantitas crecen rápidamente y deben ponerse en recipientes individuales tan pronto como sea posible. Pueden transferirse al sitio de siembra permanente cuando alcancen una altura de 10-16” (24-40 cm).

En la naturaleza, la enredadera de la maracuyá trepa sobre los árboles o rocas disponibles y se extiende para alcanzar la luz solar. Cuando las enredaderas se cultivan, su crecimiento debe guiarse para que cubran los alambres de los emparrados o cercas en las cuales crecen. Las enredaderas jóvenes se guían dirigiendo una ramita que crezca hacia arriba para que alcance la parte superior del emparrado y una vez que esté allí, permitiendo que una nueva ramita crezca a lo largo de los alambres en ambas direcciones. Un emparrado de 2 alambres proverá 4 ramitas nuevas que crecen alejándose del tronco de la enredadera. Una vez que la enredadera comience a crecer debe permitírsele crecer sin poda durante toda la estación ya que a mayor cantidad de enredadera mayor será la superficie que produce frutos. Con las formas autoimcompatibles de la maracuyá amarilla es deseable permitir que dos enredaderas diferentes, que puedan fertilizarse de forma cruzada, crezcan juntas y sus ramas se entremezclen para promover una fructificación alta. Las enredaderas deben podarse a final del invierno cuando ellas no crecen activamente. Todas las rama muertas y débiles deben cortarse y dejar sólo las ramitas vigorosas con numerosas yemas de manera tal que pueda reanudar un crecimiento activo a inicios de la primavera. Desinfecte las tijeras de podar al terminar de podar una enredadera y comenzar con otra para evitar la transmisión de enfermedades entre plantas. Un buen momento para realizar la primera fertilización es después de la poda. Las enredaderas son plantas perennes de vida corta. Algunas maracuyá amarillas en el sur de Florida han sobrevivido por 10 años pero esto es la excepción. Una esperanza de vida más realista es de 3-5 años. Una enredadera que parezca tener una cantidad excesiva de ramas muertas ha perdido su vigor y debe ser eliminada y reemplazada por una planta jóven y saludable.

Un fertilizante adecuado para la maracuyá en los suelos arenosos ligeramente ácidos característicos de Florida debe proveer nitrógeno, fósforo y potasio en proporciones aproximadamente iguales y también los micronutrientes esenciales (magnesio, manganeso, cobre, zinc y hierro). En los suelos alcalinos rocosos del sureste del estado, se necesita menos fósforo que nitrógeno y potasio, pero los micronutrientes deben aplicarse para obtener un crecimiento y producción normal. Además, soluciones de chelatos de hierro pueden aplicarse al suelo cerca de las raíces.

El fertilizante debe aplicarse a principios de la primavera antes de que comience el crecimiento. Se deben realizar aplicaciones ligeras a intervalos de 4 a 6 semanas hasta julio en la parte norteña del rango de la maracuyá y hasta octubre en la sureña. Las enredaderas consumen bastante fertilizante pero la fertilización excesiva daña a las raíces y puede destruir la planta. La cantidad a aplicar depende del tamaño de la planta y puede ser determinado por la experiencia. Nunca se deben aplicar más de 4-6 oz (110-170 g) de un fertilizante de análisis bajo (6-6-6, 5-7-5, etc.) de una sóla vez hasta que se haya determinado que una cantidad mayor puede aplicarse con seguridad. El fertilizante debe esparcirse uniformemente en un círculo alrededor del tallo, con un radio aproximado de 18" (45 cm); riegue la planta más tarde.

Existen pocas plagas que ataquen al fruto de la maracuyá. Una chinche apestosa puede agujerear los frutos jóvenes pero los mismos continuan su desarrollo más o menos normalmente.

Los nemátodos y los hongos que invaden a las raíces son las plagas más comunes de las especies de Passiflora en Florida. En realidad, es imposible cultivar la maracuyá púrpura en la mayor parte del sureste de Florida a menos que esté injertada en patrones de maracuyá amarilla u otra especie resistente. Nemátodos y dos especies de hongos, Phytophthora y Fusarium, se han encontrado en las raíces de las enredaderas enfermas. La maracuyá amarilla es más resistente a los organismos dañinos del suelo que la maracuyá púrpura pero no es inmune. Las enredaderas pueden mostrar síntomas de cancro o lesiones del tallo cerca del suelo y perder su vigor lentamente después de haber crecido durante 5-7 años. Cuando esto ocurre, es aconsejable sembrar enredaderas nuevas, preferiblemente en un nuevo sitio. Los problemas con las raíces son menos comunes en las enredaderas del centro del estado que en las del extremo sur.

Enfermedades virales afectan a la producción de maracuyá en Australia. También se han descubierto en Hawaii y en un cultivar ornamental en Florida. Debido a los problemas que los virus causan a los cultivadores de papayas en Florida, se deben usar todos los métodos prácticos para proteger las plantaciones de maracuyá de posibles infecciones virales. Cualquier enredadera cuyas hojas muestren síntomas de mosaico o aclaramiento de las venas deben eliminarse y destruirse. También, las plantas deben propagarse de semillas siempre que sea posible. Las enredaderas utilizadas como fuente de estacas deben mantenerse libres de insectos en invernaderos para protegerlas de las infecciones virales.

Las plantas de semillas sembradas en la primavera pasan la mayor parte de la primera estación en un estado de crecimiento vegetativo vigoroso aunque pueden aparecer algunas flores y frutos al final del verano en las enredaderas de la maracuyá amarilla. Las enredaderas sembradas de estacas florecen con mayor profusión y producen más frutos en el primer año que las de semillas, pero las enredaderas obtenidas de estacas son más caras y frecuentemente menos vigorosas que las de semillas. Además, se debe ejercer gran precaución para mantener las fuentes de estacas libres de enfermedades lo cual no es necesario en el caso de las semillas.

La mejor producción que se puede esperar en Florida, hasta que cultivares más productivos sean desarrollados, es de aproximadamente 7.5-15 lbs (3.5-7 kg) de frutos por planta de la maracuyá amarilla. Con este nivel de producción y una distancia de siembra de 10 x 15 ft (3 x 4.5 m) uno podría esperar con optimismo una producción de 2,200-4,400 lb./acre (2.5-5 toneladas métricas/ha) de frutos de la maracuyá amarilla. La púrpura tendría rendimientos probablemente iguales a 1/3 de esta cantidad. No existen datos suficientes para predecir los rendimientos de la granadilla gigante en Florida.

domingo, 28 de noviembre de 2010

El cultivo de la Guanabana

Es una especie susceptible al frío, y es la anonácea cuyos requerimientos de clima es el más tropical; cálidos y húmedos, característicos de altitudes menores de 1.000 msnm.
Requiere una temperatura promedio de 25 a 28oC y una precipitación media anual de 1.000 a 3.000 mm bien distribuída, aunque puede cultivarse en zonas con una estación seca moderada.
Esta especie se desarrolla desde el nivel del mar hasta los 1.000 m, aunque la altitud óptima para el cultivo está entre 400 a 600 m. Los suelos en que se plante guanábana comercialmente deben ser profundos, arenosos y con muy buen drenaje. Son más convenientes los suelos con pH entre 5,5 y 6,5.
No existe descripción botánica alguna referente a variedades; sin embargo, los agricultores en las diferentes zonas hacen selecciones de los mejores árboles de acuerdo a la calidad de la fruta.
Actualmente se distinguen diferentes tipos de guanábana, los que se han clasificado según el sabor que pueden ser ácido, semiácido o dulce; la forma que puede ser ovoide, acorazonada
o irregular y la consistencia de la pulpa que puede ser blanda y jugosa o firme y seca.
Los árboles varían mucho en cuanto al crecimiento, follaje y copas, o cual se debe en algunos casos a la luminosidad, al manejo, procedencia y a otros factores.
El terreno en que se realice una plantación de guanábana debe tener un suelo suelto, bien drenado y profundo; si es pesado, es indispensable la construcción de infraestructura de drenaje. Además debe estar protegido del viento para evitar la caída de flores y frutos.
Se recomienda plantar la guanábana a una distancia de siembra de 7 m x 7 m ó 8 m x 8 m, en un
sistema de siembra cuadrangular o en tres bolillos.
En la siembra los hoyos donde se plantara el arbol es conveniente rellenarlos con materia orgánica.
Antes de planear cualquier programa de fertilización, es conveniente hacer un análisis de suelo antes de la siembra. Posteriormente es conveniente hacer un análisis foliar para determinar si existe deficiencia de algún elemento. La guanábana es un cultivo exigente a nitrógeno y potasio.
A manera de guía, a continuación se dan algunas pautas para fertilizar este cultivo, ya que no hay
investigación sobre este aspecto. En el primero y segundo año abonar con 1,2 kg/planta de una fórmula alta en fósforo y potasio como la 12-24-12 distribuída en tres ó cuatro aplicaciones por año; en el tercer año aplicar 1,5 kg/planta de la fórmula 12-24-12 ó 18-5-15-6-2 dividida en tres aplicaciones y de acuerdo con la precipitación.
Entre octubre, noviembre o diciembre se pueden adicionar 300 g/planta de sulfato de amonio.
A partir del cuarto año se aplicará un total de 2 kg/planta de la fórmula 18-5-15-6-2, dividido entre los meses de mayo, agosto, setiembre, noviembre y diciembre.
Los árboles de guanábana responden bien a la poda de formación y se recomienda realizarla a partir del momento en que se establece el arbolito y hacerla durante uno o dos años más en los meses de floración escasa. Después de la cosecha se hace una poda sanitaria. La poda en este árbol se hace principalmente para eliminar ramas secas, enfermas y maltratadas, en las épocas en que no hay frutos.
La guanábana es un árbol tolerante a la sequía, ya que se ha encontrado con frutos en lugares con una estación seca marcada. Sin embargo, cuando se prolonga, es conveniente aplicar riego abundante antes de la floración, durante ella y posteriormente durante el período en que empieza a fructificar hasta la cosecha.
El riego se puede efectuar por gravedad, en surcos y lo más conveniente es aplicarlo una y dos veces por semana, de acuerdo a la sequedad del clima.

lunes, 18 de octubre de 2010

El cultivo del Aguacate

El árbol de aguacate posee un crecimiento y desarrollo variado, en su hábitat natural pueden existir hasta de 20 o 25 metros de altura. Su tallo es leñoso , posee un gran crecimiento vegetativo y en árboles de 50 años de edad se han encontrado diámetros de hasta 1.5 metros. Las hojas son simples y enteras. De forma elípticamente alargada y nervadura pinnada. La inserción en el tallo es peciolada. Cuando es joven presenta un color rojizo y una epidermis pubescente; al llegar a la madurez estas hojas se tornan
lisas, coriáceas y de un verde intenso y oscuro.
Las ramas son abundantes, generalmente delgadas y frágiles, esto hace que se rompan fácilmente con la carga de fruta o por la acción del viento y tormentas. Las raíces son superficiales dependiendo de la variedad, suelo y otras condiciones de producción. Se caracterizan por tener muy pocos pelos radicales y la absorción de agua y nutrientes se realiza principalmente en las puntas de las raíces a través de los tejidos primarios, esto determina la susceptibilidad que posee el árbol al exceso de humedad que induce a las asfixias y ataques de hongos que pudren los tejidos.
El aguacate puede cultivarse en una gran diversidad de suelos, desde los francos hasta los arcillosos, dependiendo de la precipitación y las prácticas de cultivo que se utilicen, la característica que debe prevalecer en un huerto de aguacates es que el terreno tenga buen drenaje para evitar los problemas de pudriciones de las raíces, a las cuales este frutal es susceptible. Previo a la plantación debe limpiarse el terreno, eliminar los restos vegetales y
luego realizar trabajos de arado y si se puede deberá rastreársele, luego viene la desinfección que puede ser en cada agujero, con el mismo producto que se utilizó para las semillas.
Existen diversos sistemas para realizar la plantación, los más comunes son al cuadro, al tres bolillo, al quincuncio y rectángulo. En el caso de terrenos escarpados podrá realizarse siguiendo las curvas a nivel. De acuerdo a las experiencia de éste cultivo, se pueden iniciar plantaciones al cuadro a 4 x 4 metros y en el futuro cuando las plantas crecen se realiza un entresaque para dejar la plantación definitiva a 8 x 8 m., otros distanciamientos recomendados son de 6 x 8 m., el cual permite un buen desarrollo de plantas. Puede también plantarse de 4 x 6 m y 5 x 5 m El distanciamiento estará condicionado también al sistema de manejo a qué estará sometida la
plantación, al tipo de suelo, topografía y otros factores.
La fertilización del suelo debe hacerse a base de un análisis previo del mismo y según los requerimientos del cultivo, además deben utilizarse buenos sistemas de aplicación. Al cultivo de aguacate durante su desarrollo puede realizarse la fertilización foliar como suplementaria. Está es más efectiva si se utilizan productos Quelatados. La fertilización foliar estará basada a los requerimientos del cultivo para lo cual existen estándares que deben ser consultados.
NECESIDADES DE NUTRIENTES DEL CULTIVO
Nitrógeno
- 60 a 300 g de N puro al año en plantas de 1 a 7 años
- 350 a 1000 g de N puro al año en plantas de mas de 8 años
Fósforo
- árboles jóvenes (1 a 7 años): 200 a 450 g/árbol /año
- árboles adultos (mayores de 8 ) 900 a 1,100 g/árbol/año
Potasio
- Es requerido en los primeros años y aumenta la necesidad en plantas en
producción
- árboles jóvenes ( l a 8 años): 100 a 450 g/árbol/año
- árboles adultos (mayores de 5 años): 900 a 1,400 g/árbol/año
pH Ideal 5.5 a 6.5
Materia Orgánica 2.5 a 5 %
Salinidad : Conductividad eléctrica menor a 3 mm hos/cm


domingo, 5 de septiembre de 2010

El cultivo del mango

Los mangos están bien adaptados a las tierras bajas tropicales y subtropicales, pero pueden resistir temperaturas tan bajas como -3.9° C por unas cuantas horas, sufriendo daños en hojas y pequeñas ramas. Los árboles jóvenes pueden morir a temperaturas de -1.7 a -1.1° C. Las flores y frutos pequeños pueden morir si la temperatura disminuye por debajo de 4.4° C por unas cuantas horas. Los árboles de mango no parecen aclimatarse a las temperaturas frías y no se han observado diferencias significativas en la resistencia al frío entre las dirferentes variedades.
La propagación con semillas de variedades poliembriónicas produce árboles que replican las características de los árboles maternos y por lo tanto es un método de propagación común en muchos países tropicales. Las variedades monoembriónicas no replican las características maternas y por lo tanto deben propagarse de manera vegetativa para mantener las cualidades deseables de los progenitores. El injerto lateral y el injerto de chapilla o astilla son los métodos más comunes y exitosos en lugares de importante producción como Florida. Plantas jóvenes vigorosas obtenidas de semillas se utilizan como patrones. Las yemas o esquejes se seleccionan de ramas terminales, jóvenes o maduras, que poseen yemas hinchadas. El injerto se puede realizar en cualquier tiempo del año si existen patrones disponibles, pero son más exitosos durante las estaciones más cálidas. Las árboles ya establecidos de variedades indeseables, pueden mejorarse mediante el injerto. Los esquejes de la variedad deseada se injertan lateralmente en el tronco y ramas del patrón o en nuevas ramas que crecen después de cortar el patrón. Los acodos de algunas variedades ('Tommy Atkins') han sido exitosos aplicando en la parte distal de la corteza una mezcla de ácido naftalenoacético/lanolina al 2%. Las raíces adventicias se forman en 10 a 12 semanas. Sin embargo, este método no se ha practicado a escala comercial y el comportamiento de los árboles no se ha estudiado en condiciones de campo. Como patrones se usan generalmente plantas obtenidas de semillas de las variedades 'Turpentine' o 'Number 11". Estos patrones toleran altos pH en el suelo y las plántulas son vigorosas y uniformes.
Las distancias de siembra dependerán de las condiciones del suelo, de la tecnología actual y de factores económicos. En los suelos pobres de Florida, los árboles en plantaciones comerciales se siembran a una distancia de 0.9 a 9.1 m en filas separadas por 6.1 a 9.1 m. Las distancias más cortas requieren técnicas de cultivo más intensivas cuando los árboles maduran y no se recomiendan a menos que un programa de poda y entresacado se haya planeado. Los propietarios de casas deben mantener una distancia de 4.6-9.1 m o más entre los árboles de mango y edificios adyacentes u otros árboles. Usualmente no es necesario podar mucho los árboles jóvenes para modificar su forma. Después de varios años de producción, los cosecheros comerciales podan periódicamente la copa a 3.7-4.3 m de altura, y los lados de los árboles, para dejar un espacio abierto de 1.5 a 2.4 m entre estructores y árboles. Esto incrementa la eficacia de las aspersiones foliares, facilita el movimiento de equipos, ayuda a reducir los costos de la cosecha (árboles menores) y puede ayudar a reducir el daño causado por las tormentas. Sin embargo, esto no es necesario en los árboles sembrados en patios. El mejor tiempo para la poda es inmediatamente después de la recolección. La poda severa no daña los árboles, pero reducirá la producción de frutos en la próxima estación.
Los mangos se adaptan a muchos tipos de suelos. Los árboles que se siembran en suelos rocosos y arenosos deben abonarse periódicamente para obtener un crecimiento y producción de frutos satisfactorios. Generalmente, los árboles de mangos toleran las condiciones húmedas e inundaciones; sin embargo, la respuesta es variable entre los árboles. Los síntomas del estrés causado por las inundaciones incluyen a: desecación y marchitez de las hojas, muerte regresiva, crecimiento reducido y la muerte del árbol. Las condiciones ambientales previas y actuales así como el tamaño y salud de los árboles afectarán la respuesta de los mismos a las condiciones húmedas.
Los árboles jóvenes deben recibir aplicaciones de abono cada dos meses durante el primer año, comenzando con 114 g e incrementando gradualmente hasta alcanzar 455 g. Después, las cantidades de abono deben incrementarse de forma proporcional al tamaño del árbol. Para los árboles adultos, una cantidad máxima de 7 a 10 Kg por árbol/año de un abono mixto debe ser suficiente. Esta cantidad debe dividirse en 2-4 aplicaciones. Las mezclas de abono que contienen de 6 al 10% de nitrógeno, de 6 al 10% de ácido fosfórico, de 6 al 10% de potasio y de 4 al 6% de magnesio dan buenos resultados con los árboles jóvenes. Para los árboles adultos el potasio debe incrementarse del 9 al 15% y el ácido fosfórico reducirse del 2 al 4%. Las proporciones de nítrogeno, ácido fosfórico y potasio en los abonos mixtos disponibles son 6-6-6, 8-8-8, 10-10-10 y 8-3-9. En suelos neutros o ácidos, los micronutrientes, como el hierro, zinc y manganeso, pueden aplicarse en forma sólida por separado o en mezclas. Los árboles de mango que se siembran en suelos calcáreos deben recibir aspersiones de nutrientes que incluyan al cobre, zinc y manganeso durante los primeros cuatro o cinco años. Más tarde, sólo el zinc y el manganeso serán necesarios. El hierro debe aplicarse anualmente en forma de quelatos (los compuestos de FeEDDHA son los mejores) aplicados al suelo 2 a 3 veces al año. El boro (borato de sodio) debe aplicarse anualmente en forma sólida o en aspersiones foliares.
Observaciones indican que la irrigación de los árboles recién plantados, especialmente durante los períodos de seca, mejora el establecimiento de los árboles y el crecimiento temprano. Las investigaciones también sugieren que la irrigación durante el período del desarrollo de los frutos incrementa el tamaño, la precocidad y la producción de los mismos. Comercialmente, altos volúmenes de irrigación con aspersores altos por encima y por debajo la copa de los árboles se utilizan para la protección contra el frío durante las heladas. La irrigación debe comenzarse antes de que la temperatura de congelación se alcance y continuarse hasta que la temperatura supere el punto de congelamiento y cuando el hielo se haya derretido. La irrigación con motores eléctricos debe considerarse donde no existan problemas de interrupciones del fluído eléctrico.

domingo, 15 de agosto de 2010

El cultivo de la papaya

La papaya crece muy bien en un clima cálido con abundante lluvia o irrigación. No tolera los vientos fuertes, las inundaciones ni las heladas y se recupera lentamente si ha sufrido daños considerables en sus raíces u hojas. Las temperaturas inferiores a 0°C usualmente provocan daños severos o la muerte.
La propagación vegetativa no es práctica aunque podría ser deseable para preservar buenas selecciones. Tanto los injertos como el enraizado de estacas se realizan fácilmente pero son muy laboriosos para justificar su uso comercial. En contraste, las semillas se producen abundantemente y germinan fácil y uniformemente ( en 10 a 15 días). Bajo condiciones de cultivo adecuadas, los frutos pueden cosecharse en 8-10 meses. Las semillas, obtenidas de frutos maduros, se lavan para eliminar el arilo gelatinoso, se plantan en macetas pequeñas y se ponen a germinar en luz solar directa. Las macetas biodegradables son idóneas para este fin ya que pueden sembrarse directamente en el campo sin necesidad de remover las plantas. Se siembran en cada maceta de dos a tres semillas para compensar tasas de germinación bajas, daños por insectos y eliminación de plantas masculinas. La distancia de siembra depende de la fertilidad del suelo, sistema de irrigación y localización. En patios, las plantas deben estar separadas por unos 3 metros. Las plantitas se transplantan cuando tienen 15 cm. de altura. Comenzarán a florecer después de 5 meses, y sólo una planta bisexual o femenina vigorosa se permite crecer en cada sitio, las otras se eliminan.
Para cultivar las papayas con éxito, el cosechero debe asegurar que se cumplan los siguientes requerimientos:

1. Las semillas preferentemente deben provenir de cruces controlados (plantas hembras x plantas bisexuales o bisexuales autofecundadas) o de plantas bisexuales que hayan tenido una alta tasa de autopolinización en condiciones de campo. El tipo de semilla utilizada es un factor muy importante ya que al determinar el potencial reproductivo restringe o aumenta el valor de otros métodos culturales.

2. El suelo debe tener buen drenaje. Las papayas son muy sensibles aun a pequeños períodos de inundaciones. Si no mueren, pierden su vigor y aunque lo recuperen lo hacen lentamente.

3. El riego debe implementarse durante los períodos de seca porque una fluctuación en el suministro de agua puede retrasar crecimiento, provocar el aborto de las flores y la caída de los frutos jóvenes.

4. Las papayas son plantas de rápido crecimiento que requieren un suministro abundante de nutrientes para tener gran productividad. La fertilización suplementaria es particularmente importante en los suelos infértiles. El nitrógeno y el fósforo son especialmente importantes. Se debe aplicar 120 g. de un fertilizante 10-10-10-5 (con 30% del nitrógeno proveniente de fuentes orgánicas) a las plantas jóvenes al momento de la siembra o un poco después. Esta cantidad de fertilizante se aplica cada 2 semanas y debe incrementarse gradualmente a 750 g. hasta que las plantas tengan de 7 a 8 meses de edad. A partir de este momento, aplicaciones mensuales serán suficientes, a menos que lluvias muy fuertes ocurran. Bajos estas condiciones se debe reaplicar el fertilizante.


miércoles, 16 de junio de 2010

El cultivo del Longan

El longan es un árbol bien adaptado a los climas tropicales que poseen períodos de lluvia y seca bien marcados y a las áreas subtropicales con una estación fría (sin heladas) durante el otoño e invierno. El longan es originario de tierras bajas con elevaciones medias en el sudeste asiático y crecen en elevaciones que varian entre 1.8 y 460 m. El longan produce frutos de una manera más regular en las áreas que se caracterizan por temperaturas bajas pero sin heladas y un período de seco durante el otoño e invierno (octubre-febrero). Las temperaturas cálidas 21-29º C durante la primavera, seguidas de altas temperaturas 27-35º C y una humedad alta en el verano proporcionan las mejores condiciones para el desarrollo de los frutos. Los inviernos lluviosos y cálidos favorecen el crecimiento vegetativo. Las lluvias excesivas durante la estación de floración provocan la caída de las flores y pueden reducir también la polinización y formación de los frutos. Las hojas jóvenes del longan son sensibles a los fuertes vientos durante la etapa de crecimiento vegetativo; los daños incluyen deshidratación, deformaciones y el tornarse de color carmelitoso.
Se ha observado que el longan es menos tolerante al frío que el lichi. Los árboles jóvenes son muy suceptibles a sufrir daños severos durante las heladas -1 a - 0.5º C y pueden morir a -2 a -3º C. Los árboles adultos son más resistentes pero las ramas sufren daños a una temperatura de -3 a -4º C y daños severos o la muerte ocurre con temperaturas inferiores a -4º C.
Observaciones han mostrado que el longan es tolerante a los vientos y los árboles jóvenes pueden establecerse en sitios donde los vientos son frecuentes. Los árboles maduros que están bajo un programa de control de la altura que limita la misma a 4.9-6.1 m sobreviven los vientos huracanados relativamente bien. Los daños más comunes provocados por los huracanes son el
derribamiento y la pérdida de la mayoría de las hojas. Cuando el tiempo es muy ventoso, seco y
frío durante la floración, las flores se secan y se reduce la formación de frutos.
El longan no tolera alta salinidad en los suelos. Los síntomas de estrés provocado por la
alta salinidad incluyen a: necrosis marginal y terminal de las hojas, oscurecimiento y caída de
las hojas, muerte regresiva de los tallitos y muerte del árbol.
El longan se desarrolla muy bien en varios tipos de suelos siempre que tengan buen drenaje, como son por ejemplo, los aluviales, los franco arenosos, arenosos y los calcáreos o rocosos del sur de Florida. Los árboles jóvenes no toleran las inundaciones y pueden morir rápidamente después de varios días de humedad excesiva o inundación. Los árboles adultos parecen ser más tolerantes a la humedad excesiva.
Los árboles jóvenes tienen un sistema radicular limitado y deben regarse de 2 a 3 veces por semana durante los períodos de seca. Para los árboles adultos el riego debe cesar o limitarse desde septiembre-octubre hasta que los árboles comiencen a florecer en la primavera. Sin embargo, los árboles deben regarse bien y se debe evitar el estrés de la sequía desde la floración hasta el desarrollo de los frutos. Un sistema de riego debe estar disponible para los árboles recién plantados y jóvenes. Los tensiómetros son instrumentos que miden la humedad del suelo por tensión y constituyen herramientas valiosas para monitorear los niveles de humedad y los programas de irrigación.
Se deben aplicar 113 g de abono por árbol a los árboles jóvenes un mes después de haber sido sembrados, por ejemplo uno que contenga 6-6-6 (% de nitrógeno-% de fósforo-% de potasio) y microelementos así como de un 20 a 30 % del nitrógeno proveniente de fuente orgánica es adecuado. Repita esta aplicación cada 6 u 8 semanas durante el primer año. Más tarde, incremente gradualmente la cantidad de abono aplicada a 227, 341, 454 g, a medida que el árbol crece. De 6 a 8 aplicaciones de abono seco por año deben realizarse hasta el tercer año. Puede aplicarse una mezcla de microelementos (manganeso, zinc, boro y molibdeno) en 4 a 6 aspersiones foliares, de abril a septiembre. Aplique 0.5 a 0.75 oz de sulfato de hierro por árbol al suelo en aquellos sitios donde el pH es ácido o neutro. En suelos alcalinos con un pH alto, moje el
suelo con una solución de quelato de hierro para estos suelos 2 a 3 veces por año de junio a
septiembre. Mezcle 14-21 g de quelato de hierro en 4 o 5 galones de agua y viértalo en el suelo adyacente al árbol. Para los árboles adultos, se recomienda aplicar de 50 a 150 lbs de nitrógeno por acre al año, divididas en dos o tres partes. El abono debe aplicarse justamente antes o durante la floración, quizás durante el final de la primavera y de nuevo justamente antes o durante la recolección de los frutos. El abono debe también incluir fosfatos (P2O5) y potasa (K2O); use un abono 6-6-6, 8-3-9 o uno similar. Además, los suelos alcalinos deben empaparse
con 2 a 4 oz de quelato de hierro por árbol por año, de junio a septiembre. Deben realizarse
cuatro o más aspersiones foliares de abril a septiembre.

Fuente: Universidad de Florida

lunes, 7 de junio de 2010

El cultivo lel litchi

El lichi no produce frutos satisfactoriamente a nivel del mar en los climas tropicales; está mejor adaptado a las áreas subtropicales cálidas o frescas. El mejor clima para la producción de este fruto debe combinar un invierno seco y frío (pero no con heladas) que dure de 3 a 5 meses; una primavera cálida durante el período de floración; un verano caliente y húmedo durante la producción, desarrollo y maduración de los frutos; y temperaturas moderadas durante el otoño. Las lluvias periódicas durante la primavera y el verano son ideales.
El lichi tiene una mayor tolerancia al frío que el mango pero menor que la naranja dulce, por lo que sus plantaciones están limitadas a algunas áreas costeras.
Los árboles jóvenes sufren daños a temperaturas de -2 a 0º, mientras que la exposición durante varias horas a temperaturas entre -3 y -4º C causan daños extensos o la muerte a
los árboles adultos. Los árboles de lichi no se aclimatan a las temperaturas frías después de haber estado expuestos a temperaturas frescas no congelantes. Los síntomas del daño causado por el frío incluyen la muerte y caída de las hojas, muerte regresiva de las ramas y ramitas, las rajaduras en la corteza y la muerte del árbol.
Los árboles jóvenes en ocasiones se establecen con dificultad en los sitios donde los vientos son fuertes; la exposición a vientos constantes puede producir la ruptura de hojas, crecimiento retardado y muerte regresiva de los tallos. La corteza en la base de los árboles jóvenes a nivel del
suelo puede dañarse por la fricción continua causada por el movimiento provocado por los vientos. Sí es posible, los árboles deberían sembrarse en sitios protegidos de los vientos o proporcionarles protección con una malla liviana que se sujeta a los alambres de una cerca metálica.
Los árboles crecen mejor en los suelos con buen drenaje. Crecen mejor en los suelos arenosos ácidos que contienen gran cantidad de materia orgánica. Los árboles crecen bien en los suelos arcillosos, pero usualmente no producen frutos apropiadamente. Los suelos arenosos cuyo
contenido de materia orgánica es pobre son apropiados si se aplican abonos en cantidades suficientes. El lichi puede crecer en los suelos calcáreos pero requieren cuidados especiales para prevenir las deficiencias de elementos menores.
Puede soportar inundaciones por un corto período de tiempo. Sin embargo, su reacción a las inundaciones dependerá de la duración de las mismas, el tamaño del árbol, la presencia o ausencia de enfermedades en las raíces y de las condiciones del tiempo. Se recomienda plantar los árboles en canteros o lomitas en las áreas propensas a inundarse o con suelos muy húmedos.
Los árboles de lichi pueden crecer mucho; la poda de ramas leñosas con un diámetro mayor de 1 pulgada puede conducir a un crecimiento vegetativo continuo que reduce el rendimiento. Los
árboles deben sembrarse con una separación de moderada a amplia 5.5 a 9.1 m. Las filas deben estar separadadas por 6.7 a 9.1 m. Cuando los árboles se siembran con una alta densidad se
recomienda tener un plan para la remoción de árboles a medida que ellos crecen. Los árboles que se plantan en patios deben estar separados 9.1 m o más de otros árboles o edificaciones. El hacinamiento resulta en la reducción de la intensidad de la luz entre árboles adyacentes y la
disminución en el número de horas que la copa está expuesta a la luz, lo cual causa la pérdida de las partes inferiores de la copa y la reducción en la producción de frutos.
Los árboles jóvenes (menos de 4 años) deben fertilizarse con 0.11 a 0.22 kg de un abono completo cada 8 semanas. Las mezclas que contienen de 6 a 8 % de nitrógeno, 2 a 4 % de fósforo, 6 a 8 % de potasa y 3 a 4 % de magnesio son satisfactorias. Una proporción del 20 al 50 % del nitrógeno debe provenir de una fuente orgánica. En los suelos que poseen un pH de ácido a neutral, deben aplicarse micronutrientes tales como el manganeso, zinc y hierro en forma sólida. Sin embargo, los árboles que crecen en suelos calcáreos, con un pH alto, deben recibir aspersiones foliares de manganeso y zinc. De dos a cuatro aplicaciones de micronutrientes
deben realizarse durante la estación de crecimiento (marzo a noviembre). En suelos con pH ácido o neutral las aplicaciones de sulfato de hierro pueden ser efectivas. Sin embargo, en los suelos
calcáreos, que posean un pH alto, se debe empapar el suelo con una solución de quelato de hierro (Fe-EDDHA). Para los árboles jóvenes, mezcle de 14 a 57 g de quelato de hierro en suficiente
agua para que el material se distribuya alrededor de la base del árbol . Para árboles jóvenes y adultos, mezcle de 14 a 113 g de quelato de hierro por árbol por aplicación. El hierro debe aplicarse de 2 a 4 veces durante la estación de crecimiento.
Los árboles de lichi son moderadamente tolerantes a la sequía. Sin embargo, los árboles recién plantados deben regarse regularmente durante el período de establecimiento. En los patios, los árboles se desarrollan bien sin irrigación suplementaria después de establecidos. Para obtener cosechas más consistentes en los árboles adultos, restrinja la irrigación durante el final del otoño y el invierno hasta la floración. Esta práctica puede mejorar el nivel de floración obtenida. Por otra parte, la irrigación durante la producción de frutos y cosecha puede mejorar los rendimientos y calidad de los frutos.
Una vez que los árboles comienzan a producir frutos ( de 3 a 4 años de haber sido plantados), deben regarse regularmente desde la floración hasta la cosecha. Investigaciones en otras regiones han sugerido que el estrés provocado por las sequías moderadas durante el final del
otoño (septiembre u octubre) y comienzos del invierno favorecen la floración al final del invierno y comienzo de la primavera.

Fuente: Universidad de florida

lunes, 31 de mayo de 2010

El cultivo de la carambola

La carambola se cultiva en muchas áreas tropicales y subtropicales cálidas del mundo. A pesar de que la carambola crece mejor en los climas de tierras bajas tropicales, también se desarrolla bien en áreas cálidas subtropicales que sufren temperaturas congelantes sólo ocasionalmente.
Las temperaturas entre -1.1º a 0º C matan las hojas inmaduras,
mientras que los árboles jóvenes, las ramas maduras y hojas pueden morir a -3.9º a -1.7º C. Las temperaturas de -6.7 a -4.4º C pueden matar ramas mayores y árboles adultos.
Las variedades de carambola varían en su suceptibilidad a los daños provocados por el viento. Los síntomas de estos daños incluyen:
defoliación, desecación, muerte regresiva de las ramitas, atrofia del crecimiento y daños a los frutos (cicatrices). Variedades como 'Golden Star' y 'Newcomb' pueden soportar condiciones de fuertes vientos mejor que 'Arkin' y 'Fwang Tung.' Los cosecheros comerciales típicamente seleccionan como sitios de siembra aquellos que ofrecen protección natural contra los vientos (e.g., bosques) o construyen barreras rompevientos artificiales. Los árboles protegidos del viento son generalmente más vigorosos y productivos que los árboles
expuestos.
Los árboles de carambola están bien adaptados a varios tipos de suelo con buen drenaje. Ellos crecen mejor cuando el pH del suelo es moderadamente ácido a neutro. En los suelos calcáreos, se requiere un cuidado especial para prevenir las carencias de micronutrientes, particularmente el hierro, manganeso y zinc (vea la sección sobre abonos). Investigaciones realizadas con la
variedad 'Golden Star', sembrada en macetas, demostraron que la carambola es moderadamente tolerante a las inundaciones si el suelo está libre de enfermedades. Sin embargo, el crecimiento, tanto de raíces como ramas, fué reducido cuando se comparó con el de plantas no inundadas.
Todas las flores de una variedad dada de carambola tienen estilos largos o cortos, condición llamada heterostilia. Algunas variedades pueden requerir una polinización cruzada (estilo corto x estilo largo o viceversa) para producir buenas cosechas. Sin embargo, variedades tales como 'Golden Star' y 'Arkin' producen cosechas abundantes cuando se plantan en bloques sólidos lo cual indica que la necesidad de polinización cruzada entre diferentes tipos de estilos no es siempre.
Un amplio rango de distancias se usan en la producción comercial de la carambola en el sur de Florida. Sin embargo, la mayoría de las plantaciones comerciales tienen de 292 a 358 por hectárea y usan una distancia de 4.6 a 6.2 m. entre árboles y de 6.1 a 7.6 m. entre filas.
Se recomienda la irrigación en las plantaciones comerciales. Sin embargo, no se han determinado las tasas y frecuencias de irrigación más apropiadas. La recomendación general es aplicar media pulgada (1.3 cm) de agua por acre dos veces a la semana durante los períodos de seca en el año. Se ha observado que altos niveles de irrigación mediante aspersores por encima o
debajo de las copas de los árboles protegen a los árboles de carambola durante las heladas. El
sistema de irrigación debe diseñarse para cubrir apropiadamente la arboleda aplicando al menos
0.21 pulgadas (0.53 cm) de agua por hora. Los aspersores deben encenderse cuando la
temperatura del aire esté 3 ó 4 grados por encima del punto de congelación 1.7º a 2.2º C y continuarse hasta que la temperatura del aire exceda los 0º C o hasta que el hielo se derrita. Precaución: la irrigación durante las heladas si está acompañada de fuertes vientos ( mayores de 5 mph) no es aconsejable. Para más información, consulte a su agente agrícola en el Servicio de Extensión. Las recomendaciones de abonamiento actuales están basadas sólamente en observaciones. En suelos con baja fertilidad, los árboles jóvenes (1 a 2 años) deben recibir aplicaciones ligeras de un abono mixto que contenga nitrógeno, fósforo y potasio 0.6 a 1.1 kg por árbol por aplicación cada 30 a 60 días hasta que los árboles se establezcan. A medida que los árboles maduran, la tasa de abonamiento debe incrementarse 0.45 a 1.4 kg por árbol por aplicación, con una frecuencia de aplicación de 4 a 8 veces por año. Los abonos mixtos que contienen de 6-8% de nitrógeno, de 6-8% de ácido fosfórico, de 6-8% de potasa y de 3-5% de magnesio son satisfactorios. En los suelos donde el pH varía de ácido a neutro, los micronutrientes manganeso, zinc y hierro pueden aplicarse en forma sólida al suelo o en aspersiones líquidas a las hojas. Se deben realizar de 3 a 6 aplicaciones foliares al año. Los árboles que crecen en suelos calcáreos deben recibir de 4 a 8 aspersiones foliares de zinc y manganeso por año. Las deficiencias de hierro pueden corregirse mojando bien el suelo con quelatos de hierro, fabricados especialmente para suelos calcáreos, de 3 a 6 veces por año.

Fuente: Universidad del estado de Florida